Manual para desobedecer la Ley Sinde, en el blog de Enrique Dans.
Buenas amigos,
dado que este blog de wordpress.com se me empezaba a quedar corto, me traslado a wordpress.org, que me ofrece más posibilidades. A partir de ahora, el blog oficial es http://www.edureptil.com ; ahí seguiré con mis peripecias habituales, además de estrenar otro blog (dentro de la misma página), llamado Valencia Noir, en el que iré reseñando los eventos y locales que me parezca que merecen la pena realmente en la ciudad. Pues nada más que decir, ¡nos vemos allí!
Ayer por la noche fui por primera vez al ballet. Me tocaron dos entradas por compartir un enlace de la página de Facebook de Escénica, para la obra Suite4, constituida por 4 piezas, una primera de Nacho Duato, otra de Ramón Oller, otra de Hilde Koch y una última a su vez fragmentada en varias partes, de Ohad Naharin.
Acudir a un teatro siempre tiene un encanto especial que viene del mero hecho de habitar por dos horas en sus butacas rojas. A María y a mí nos tocaron unas entradas en el primer piso, desde donde la estancia parece abrirse inmensa. No sabía bien que iba a ver, y lo prefería. El espectáculo comenzó con Jardí Tancat, de Duato. Una pieza espectacular en la que los bailarines te llevan en volandas a través de la pasión a orillas del mediterráneo, que casi podías oler, mientras tu oído se perdía en la profundidad de la voz de María del Mar Bonet. Un principio abrumador. A continuación, Estances, de Oller, en un escenario casi carente de escenografía, en el que los protagonistas se transformaban en olas de mar para contar miles de historias con sus cuerpos. Lo siguiente, Torque, de Koch, el misterio en su máxima expresión. Música, proyecciones y coreografía para convencerme de que la danza es la poesía de la carne. El concepto misterio, en su acepción más abismal, interdimensional, oscura, ambigua, eterna; es la mejor definición que me viene a la mente para tratar de explicar esta pieza. Para terminar, Two duets & two trios, de Naharin. Un final perfecto, si el espectáculo comenzaba y seguía con la tradición, en esta última parte pasamos a formar parte de un trayecto a través del progreso, la confusión identitaria que acarrea en ocasiones el mismo, para llegar a un futuro amable, vivo y armonioso en technicolor. La música de Pan Sonic, y el fragmento en el que suena, geniales. Tal vez sea mi imaginación y en absoluto se pretendiese, pero este fragmento en concreto, uno de los tríos, me evoca lo mejor del cyberpunk, lo cual me cogió desprevenido y tal vez por ello me gustó todavía más.
Esta es mi interpretación de lo que vi, no me importa como siempre digo si tiene un sentido definido, creo que lo magnífico del arte es poder interpretarlo libremente. Apuntar también que me parece asombrosa la preparación de los bailarines, años y años de ejercicio y ensayos, para lograr la perfección en el movimiento, una coordinación sobrenatural, elegancia, precisión, delicadeza, sensibilidad, y un sinfín de cualidades que hacen que les admire más que nunca. En esta disciplina artística no puede existir la mediocridad, por definición. Para poder hacer esto tienes que ser sí o sí extremadamente bueno, de lo contrario, no puedes. Con esto concluye esta breve reseña de Suite4, si tenéis la posibilidad, no dejéis de asistir. Ahora espero poder acudir a ver Drácula si me lo permite el presupuesto.
Breve apunte del día de Halloween de ayer: Pensaba que me había librado del horror experimentado el año pasado, me había quedado viendo unos capítulos de CSI en paz conmigo mismo, María dormía plácidamente en la cama, Leo (mi perro) dormía plácidamente en su cuna con estampado de huesos y perros de dibujos animados, yo me disponía a releer Hellboy o Kid Eternity por aquello de ser una fecha de criaturas infernales y muertos en general. Justo en el instante en que la aguja marcaba la hora demoníaca, un grito desgarrador partió la noche en dos a la vez que mi calma se tornaba en ira homicida en cuestión de segundos. Algún ser había tratado de ganar puntos para el apareamiento con la clásica jugada del din-don piro, con la salvedad de que nuestro timbre se engancha y se queda sonando a todo volumen. El perro saltó de inmediato de su cuna para aullar a los desconocidos cual sabueso de los Baskerville, María se levantó con una expresión de odio tan profunda que helaba la sangre y podía convertir en piedra a Medusa, y yo solté algunos cientos de improperios del estilo de #%&@!!! desde el balcón. La jauría corría a dispersarse mientras una chica le decía al interfecto (varón, dieciséis años, erección mental constante y acné agravado por la pintura de todo a cien):
-¡Pero tío qué haces! ¿Estás tonto o qué?
El chaval se justificaba ante la regañina mientras corría con la cabeza gacha. No me quedó otra que bajar como un alma en pena a desenganchar el timbre, que atronaba y perturbaba una noche de paz sepulcral en mi casa, y jolgorio halloweenero en la calle.
—
Esta mañana he amanecido feliz y con un perro de veinte quilos prácticamente encima mío. Me miraba con esa cara que indica que desea bajar pero que todavía puede aguantar un poco. Me he duchado y me he bebido un café asomado al balcón. El Día de Todos los Santos siempre me ha encantado, y hoy encima el Sol y la temperatura acompañaban. Siempre ha tenido algo de relajante para mí. Halloween es demasiado obvia (se celebra en la oscuridad, de noche) y ha perdido su encantador origen celta en el que se celebraba el fin del verano, y el fin de la temporada de cosechas (en el Samhain original se creía también que la línea entre el mundo de los vivos y de los muertos se estrechaba tanto que los espíritus benévolos y malévolos podían acceder a nuestro plano). El Día de Todos los Santos por otra parte tenía como objetivo conmemorar a todos aquellos santos, reconocidos o no reconocidos, y se desplazó al 1 de noviembre para competir con las festividades paganas que tanto jodían a la Iglesia. A día de hoy, esta última fiesta no tiene ninguna clase de relevancia espiritual para mí, pero sí me evoca la tradición familiar, y por ello actúa sobre mí como una especie de bálsamo. No tengo ningún problema en realidad con la fiesta de Jack O’Lantern, me parece que cuantas más fiestas hayan en el calendario mejor que mejor, y no me opongo a la procedencia de ninguna de ellas. Ojalá pudiésemos tener un calendario de lo más sincrético, y disfrutar de las historias que acompañan a las leyendas de cualquier parte del mundo, como la del taimado Jack, capaz de timar al diablo en numerosas ocasiones y acabar condenado a vagar por el mundo con un nabo (así es) a modo de linterna.
Retomando el guión original, tras asearme y cumplir con todas las rutinas mañaneras, he bajado al parque del cauce del río a dar un paseo con el can. El ambiente era el que me esperaba: campanadas retumbando por toda la ciudad, cientos de personas paseando, en bici, corriendo o con los perros. Me he dejado llevar por el recuerdo, retrotrayéndome a esos momentos costumbristas que todos almacenamos en la memoria: el olor del pueblo de mi familia, la tarde cayendo oscura por un camino de montaña rumbo a una aldea, la tranquilidad de días de santos pasados, igual a la de un domingo, en los que me iba a comer fuera con mi abuela ceutí o con mis yayos valencianos. Hoy además he reafirmado mi creencia en la simpatía que derrochamos todos los que paseamos perros. Lo mismo nos da abordar a un desconocido que a tres, y a la inversa, nos encanta que nos aborden desconocidos para entablar una conversación sobre Canis lupus familiaris. Cuando paseas un perro, las barreras mentales de nuestra cultura de la desconfianza caen, y el lado amable y gregario del homo sapiens aflora. Esta mañana he charlado con una mujer con un pitbull de cinco meses, manso y grande como él solo; con un matrimonio de unos sesenta años que llevaba un teckel de pelo corto, marrón chocolate, avispado y rápido; mi perro y yo hemos estado jugando con otro beagle, en este caso hembra, extrañamente dócil y tranquila. Otras personas me han parado para acariciar a Leo (Leónidas -lo sé-), y entre unos y otros he acabado llegando casi a Viveros, punto en el que he vuelto sorteando ciclistas y runners. Así es como debería ser, pensaba, así es como debería vivirse la ciudad cada día, de forma pacífica y respetuosa con nuestros congéneres, practicando deportes libremente sin restricciones, leyendo, con tiempo libre y menos trabajo, que aquello de que el trabajo dignifica al hombre es un camelo que nos hemos creído demasiado tiempo. Lo que realmente dignifica es vivir la vida a gusto, disfrutándola dedicando el tiempo limitado que tenemos a nuestros seres queridos y a nuestras aficiones. Tal vez por eso estas pausas en el ajetreo diario y la velocidad habitual, como el día de hoy, me cautivan de esta manera. Hoy todos aceptamos que existe otro ritmo, hoy la muerte no es terrorífica, hoy la percepción del final pone en su lugar a todo el camino y a los caminantes, y lo hace sin violencia, de forma sutil, elegante y familiar. Con esto termino, me esperan unos radiatori boloñesa en buena compañía.
Apunte final: Me encanta que mi barrio sea multicultural, el propietario del comercio de al lado es hindú; mi vecino, senegalés; la frutería paquistaní; la tienda de la esquina, argentina; la verdulería, colombiana; y el supermercado más cercano, ruso, así puedo encontrar, por ejemplo en este último, chocolatinas con un envase como este:
En estos días aciagos en que los responsables de Taringa han sido procesados, llueve, y además hace frío (aunque me gusten estas circunstancias -las dos últimas- creo que a los demás no), Steve Jobs ha muerto y por ende nuestras vidas tienen menos sentido (don’t miss el reportaje de la Rolling que está en los kioscos), el gurú de la cultura Alejandro Sanz ha vuelto a equivocarse para mofa de toda la esfera twittera al confundir a Marta Domínguez con Marta del Castillo, ya sabemos las causas de la muerte de la espectacular y lamentablemente difunta Amy Winehouse, el inefable Teddy Bautista ha denunciado a la SGAE por despido improcedente, el VEO y la Mostra han sucumbido a la guadaña de Valencia, y un largo etcétera de cambios en la mutante realidad; en estos días, quiero creer que todavía queda esperanza para la cultura. Me cuesta convencerme: Ayer leí esta noticia en la sección de ciencias de Público, “GTA V: Cinco veces más vicio“. Un cúmulo de rumores y nadas, que me indignó hasta el punto de dirigirme a ellos en la red social del pájaro para mostrarles mi consternación al ver este vacío metido con calzador en la mejor sección del periódico. Obviamente me contestaron comprometiéndose a revisarlo, pero bueno, está claro que el becario no tiene poder sobre el jefe de redacción, y a fecha de hoy, ahí sigue el esperpento.
Decía, que en estos días aciagos, en los que no me atrevo a leer a Cioran por si acaso, en los que se me acumulan los libros en la mesita, se acumula también el trabajo pero el dinero mengua, en estos días en los que se me hace un mundo bajar al perro por la noche, la profundidad de campo disminuye, en estos, me quedo despalabrado a veces como decía Cortázar. No obstante, he vivido buenas experiencias: Ha sido mi cumpleaños, hemos presentado Animal Omega y nos ha ido estupendamente, nos han entrevistado en la SER, nos sacan la semana que viene en el Qué, Abelardo ha escrito un artículo que me dan ganar de llorar al leerlo, y bueno, otros buenos momentos que no voy a enumerar para no aburrir.
Pero maldita sea, por otra parte el RCA (Recital Chilango Andaluz) se acaba -sé que esto es en sí mismo una declaración de principios y de honestidad de la PLACA y sus integrantes, y que me encanta el cartel que ha hecho para la ocasión Dani Vergara- y da vértigo pensar que algo así se acabe. Todo tiene un final.
En ocasiones es difícil mantener la templanza, en esos momentos, siempre recuerdo un cuento budista que puede parecer obvio, infantil -incluso puede no parecerlo y que lo sea-, pero del que me fascina su sencillez y optimismo. Si alguien lo quiere leer puede hacerlo aquí. La buena suerte o la mala suerte, ¿hay algo más relativo? Este post no va encaminado a una moraleja final, tampoco a un giro inesperado y positivo (aviso para navegantes). No, este post es sencillamente un recopilatorio de sensaciones que tenía ganas de escribir -¿por qué wordpress me identifica “recopilatorio” como una palabra errónea?-. Decía al principio que me gusta la lluvia y el frío, me siento cómodo con este tiempo, disfruto moviéndome por la ciudad oliendo con mi escaso olfato (gajes del alérgico) la tierra húmeda y el asfalto mojado. De la lluvia me jode por otra parte que se me ha mojado la ropa tendida, pero se lo perdono, porque me gusta, así es el amor.
Cambiando de tercio pero no demasiado, ayer estuve en Slaughterhouse con Carlos Lopezosa, Adrián Hernán y Valentín Vañó, tres escritores potentísimos autores de Animal Omega, Marea muerta e Historias hermosas y repugnantes respectivamente; además de con Kike Taberner, fotógrafo profesional y amigo que acudió para hacernos unas fotos de forma altruista para próximas apariciones en prensa. La crisis y la falta de oportunidades apareció con la segunda cerveza. No obstante, tengo fe en que los tres van a ser conocidos, no puede ser de otra manera. Es absurdo decir que sería una injusticia que no ocurriese, la vida no entiende de valores absolutos como estos, live is life, and nothing else matters, nevermind.
Hace tiempo escribí un verso que fuera de contexto no tiene nada de lírico, pero para mí está repleto de significado, mucho más allá de lo denotativo: “Lo único que importa es estar vivo”. Sigo pensándolo.
La presentación de Animal Omega no va a estar exenta de sorpresas, para empezar, dos ya confirmadas:
El mítico escritor Adam Surray, de la época dorada de Bruguera, autor de innumerables novelas de ciencia-ficción, terror, westerns… estará con nosotros para darle apoyo a Carlos Lopezosa. Todos hemos visto libros de Surray, como ejemplo dejo esta foto, para que os hagáis una idea. Un escritor de pura cepa, que consiguió vivir de ello, en la época dorada en la que el ritmo frenético de edición no les impedía escribir historias de calidad. Es un honor para mí poder conocerle.
Además de esto, como es mi cumpleaños, vamos a tirar la casa por la ventana y vamos a sortear un surtido de delicias de Reposteva, que va a elaborar para la ocasión con el logotipo de Editorial Cocó. Comerme el logo de la editorial va a ser casi una eucaristía, una liturgia de la que igual nace una nueva religión, quién sabe. Aquí dejo una foto para que se os vaya haciendo la boca agua:
Bueno, si con todo esto no vienes, en fin, ¡que me aspen si te entiendo!
Estimados amigos de lo reptil, ya tenemos fecha para la presentación del esperadísimo Animal Omega, el día 21 de octubre a las 20h en KafCafé (C/Arquitecto Arnau, 16, Benimaclet City, Valencia). Se da la circunstancia de que a medianoche comienza mi cumpleaños, 24 años ya, god dammit, así que aprovecharemos la ocasión para celebrarlo como Dios manda.
No puedes perderte el evento, buena poesía, buenas cervezas, buena comida, buenos amigos, buen editor (¿por qué no?) y buen Carlos Lopezosa, el autor de nuestro nuevo libro. A la presentación probablemente acuda alguien importante del mundo de las letras, pero como no es seguro, preferimos marcarnos este farol y no decir su nombre, por si falla. Pero si no falla, yisascraist, será estupendo.
Os dejo el link a la convocatoria, y un poema genial del autor. Lo dicho, ¡no falles! ¡No hace falta que me traigas regalo!

El advenimiento del animal del fin del mundo ya ha acontecido. Llegó a mi casa a una hora muy temprana, envuelto en cartones como un mesías corrupto y peligroso. El mensajero titubeaba temeroso, algo se agitaba en el paquete que llevaba en los brazos. Cuando lo recogí, se me heló la sangre en las venas. La presencia del nuevo ser me dominó. Rasgué rápidamente el adhesivo que lo aprisionaba y lo dejé libre. En un instante, estaba fuera, encaramado a mi mesa de trabajo, poderoso, irascible, sensible, trágico. Gemía o aullaba un nombre: Carlos Lopezosa. No pude más que rendirme a su poder y hacerle algunas fotos. Me dijo que próximamente, tal vez el 21 de octubre, se presente en sociedad para deleite de sus acólitos. Hasta el momento, se cobija en una esquina de una habitación.
La primera presentación del primer libro de un autor es algo que este recordará siempre. Para nosotros, Editorial Cocó, es un honor poder ser partícipes de este momento. Especialmente si el autor es Agustín Linuesa Cáceres, autor de La ciudad de los gatos, uno de los últimos libros que hemos publicado, en nuestra colección Cyan, de poesía.
Si pinchas en la foto podrás ver la galería de nuestra página de Facebook, además, bajo la foto, un vídeo del autor recitando uno de sus poemas. Si te gusta la página, dale a Me gusta, y recuerda que también puedes seguirnos en Twitter como @editcoco. ¡Que lo disfruten!